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La
propulsion fotónica
Utilizar
el solo empuje de la luz solar como medio de propulsión
de una nave espacial... la idea parece fantástica,
pero es perfectamente realizable. En el siglo XVII, Képler
observó que la cola de los cometas no es una estela
que dejen a lo largo de sus trayectorias, sino que siempre
se extiende en sentido opuesto al sol, y atribuyó este
fenómeno a una fuerza de repulsión ejercida
por el sol, que rechazaba unas partículas expulsadas
por el cometa.
La teoría
de Maxwell del electromagnetismo, alrededor de 1870, predijo
que la luz ejerce una presió sobre los objetos. Esta
predicción se confirmó experimentalmente a principios
del siglo pasado. Los fotones solares reflejados por un espejo
situado cerca de la Tierra ejercen sobre éste una presión
de 9 micronewtons por metro cuadrado -- unos diez gramos-peso
por hectárea.
Esta fuerza,
aunque parece despreciable, no lo es si se aplica a un objeto
de gran superficie y poca masa situado en el espacio exterior,
en condiciones de caída libre y ausencia de rozamiento.
El sol producirá sobre la más ligera vela solar
imaginable una aceleración de unos cuantos milímetros
por segundo cuadrado, miles de veces menor que la producida
por un cohete. Sin embargo, los cohetes sólo pueden
mantener su gran aceleración unos minutos, mientras
que la aceleración de la vela, aunque menor, dura mientras
le dé el sol. Es como la carrera de la liebre y la
tortuga. Un cálculo simple demuestra que, en ciertas
clases de viajes interplanetarios, las velas solares son mucho
más eficaces que los cohetes químicos.
Special
thanks to Jordi Mas (http://geocities.com/jordimastrullenque/)
for his help in translating this page.
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